domingo 3 de julio de 2011

III Encuentro del Movimiento de Cascos Amarillos en Chubut




En la Argentina de los sueños rotos, de las utopías doblegadas, de la desesperación y el desconsuelo, ninguno de nosotros tuvo antes la posibilidad de recorrer, junto a otros semejantes, el sendero del reencuentro con nuestros destinos, con nuestras familias, amigos, vecinos y compañeros de ruta.


Por Pablo Hualpa
Fotos: Tony Martínez
Encuentro Mocara, 02/07/2011, Rawson, Chubut.


En el mejor de los casos, seríamos moradores, clientes y deudores de una realidad rígida, accesible solo para pocos. En el peor de los casos, seríamos un subproducto del progreso económico, un mal necesario, un daño colateral, engrosando la lista de desocupados, pobres, indigentes, excluidos.

Obligados a sobrevivir en la sociedad de consumo y respetar leyes y poderes que no nos proporcionan amparo ni protección, seríamos parias, sin techo, sin ingresos, sin aliento, sin horizonte a la vista, sin arte, ni parte, ni oportunidad.

En la Argentina de ayer parecía una fantasía reconocer, en las veredas de la historia, el rastro lejano de trenes cargueros, de vagones entrando a estaciones remotas y camiones saliendo y entrando de fábricas abiertas; avenidas de obreros camino al hogar o al trabajo; con la satisfacción del deber cumplido, con la tranquilidad y la seguridad de lo necesario, para vivir dignamente, alimentar a sus hijos, proporcionarles vestimenta, darles y recibir educación, cuidar la salud, el tiempo libre, disfrutar de recreación, cultivar cultura, practicar deportes.

Para pensar en vacaciones, en proyectarse del barro del subsuelo de la patria sublevada a un proyecto de vida; a través de los hijos que van creciendo, ajenos a la amenaza latente del país desguazado, blindado y mal vendido que nos tocó vivir, después, durante cinco décadas de un autoritarismo mesiánico y dictatorial y de un auténtico terrorismo de Estado y de Mercado.

Por eso, a partir de la restitución de los resortes de control del Estado a representantes de un
proyecto de construcción de poder popular, el Estado se ha propuesto recuperar y fortalecer el tejido social como estrategia que permitirá reconstruir y revertir los efectos de las políticas neoliberales, devastadores en el plano social, ambiental y económico.

En la Argentina de hoy, las reglas del juego están claras, sin que eso suponga un camino fácil o automático.

Se requiere del compromiso y participación de todos en la búsqueda de consenso, de unidad de concepción y de esfuerzo, para lograr la deseada unidad de acción y mejorar la calidad de nuestras vidas y las de nuestros compatriotas.

Se necesitan líderes formados, pero también una asunción de responsabilidad colectiva de todos en la búsqueda de soluciones, ante los numerosos y profundos problemas que aún existen. Lo que se destruyó en esos cincuenta años, no puede reconstruirse de inmediato. La sociedad entera debe reorganizarse para colaborar con el Estado en la resolución de los problemas que nos afectan.
Y hay que innovar, buscar caminos nuevos. De nada sirve insistir con las herramientas y recetas que nos llevaron hasta aquí. La ideología que destruyó, no puede ser la que promueva la reconstrucción.

Sin embargo, la realidad hoy nos ofrece nuevas opciones, que pueden y deben actuar en favor de un despegue definitivo del país, la provincia y las ciudades en las que elegimos vivir, trabajar, soñar y realizarnos.

Este gobierno respeta y promueve de modo conceptual y material la autonomía de las organizaciones libres del pueblo. La fe en la capacidad del pueblo para dar respuestas a sus propios problemas desde la organización comunitaria y la articulación de esfuerzos en redes, es un punto de partida básico que es deber de todos custodiar y aprovechar.

La existencia de medios tecnológicos al alcance de los sectores populares, permite resolver de manera simple problemas complejos. Comunicaciones, producción, transportes, venta y distribución en esquemas de redes sociales son avances posibles y cercanos, para una comunidad que decide aunar esfuerzos y aprovechar los recursos con que cuenta.

La madurez política y cultural de un pueblo que ha pasado épocas difíciles surge en el hecho de que ha comenzado a integrarse activamente en organizaciones y grupos más formales e institucionalizados, tales como cooperativas, mutuales, asociaciones civiles, consorcios, etc., realizando actividades solidarias o beneficios, sin fines de lucro.

“Haciendo Comunidad”, como política pretende ser un impulso conjunto compartido entre áreas concomitantes del Estado y las instituciones autónomas que provienen de la organización comunitaria, a partir de la cultura del trabajo y la producción, así como la capacitación y formación como vectores del desarrollo de una comunidad. Cooperativas, Asociaciones Civiles, Clubes Deportivos, etc., son el saldo posible y probable de un proceso de construcción de vínculos sociales y personales complejo y maravilloso.

Capacitación y formación individual, acompañamiento y fortalecimiento de la organización grupal y asistencia a la formalización institucional, son los ejes del proyecto. Al terminar el programa, las organizaciones serán plenamente autónomas y habrán superado en la marcha un proceso de acuerdo e integración, de formación de equipos de trabajo y de mejora continua de la eficiencia de procesos y productos.

La educación popular como concepción y práctica conjunta, el aporte de los recursos financieros, técnicos y humanos del Estado para fortalecer las instituciones y el compromiso de los integrantes de las comunidades cooperativas van haciendo en el resto, “camino al andar”.

La urgente demanda del momento actual es encontrar soluciones superadoras que permitan la unidad de esfuerzos, en base al consenso y el acuerdo unánime. Esta unión colectiva permitirá la expresión de su contenido en toda actividad y lugar donde cada cual elija actuar y pensar en beneficio de su comunidad.

Caminar con el conflicto, convertirlo en un problema a superar, sin exclusiones, ni eliminaciones; con respeto al derecho de todos. Hacer comunidad.

Contar con el otro, pertenecer, identificarse. Ser parte, formar parte, tomar parte. Pero sobre todo, creer, practicar, predicar y enaltecer el amor como motor del compromiso con el otro.

Gracias a todos por pertenecer y defender con su presencia y esfuerzo de todos los días un sueño en el que, sin la menor duda, todos queremos, podemos y hemos elegido alcanzar.