miércoles, 26 de enero de 2011

Los padrinos del estado de desestabilización

Por Sergio Espinoza

No hay peor fascista que un burgués asustado. Eso lo sabe muy bien la derecha y apela a entronizar la sensación de un estado de indefensión pequeño-burguesa citadina.

Rápida fue la respuesta neoliberal del gobierno macrista al conflicto habitacional que tiene el sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Mauricio Macri cambió el eje de la discusión y remplazó su ineficiencia e ineptitud en la gestión de Gobierno y puso todas las fichas al problema de los inmigrantes de países limítrofes.

Lo más agravante de este análisis no es que sólo puso la culpa en los hermanos latinoamericanos, sino que apeló al sentimiento racista que tiene en su constitución, porteña por supuesto, el ser argentino. Muy astuto. Buscó aliados en su perverso discurso.

Así fue que el ciudadano de medio pelo, parafraseando a Arturo Jauretche, obtuvo el guiño, el aval, la compuerta abierta para la expresión xenófoba, discriminatoria y violenta de lo peor de la génesis de la sociedad argentina.

A pesar que las estadísticas, científicas y universitarias, señalan que la inmigración desde estos países no sobrepasa el 3 por ciento, el pequeño burgués citadino ve bolivianos, peruanos y paraguayos por doquier.

Aunque, dichas estadísticas señala que en un gran porcentaje estos inmigrantes realizan trabajos que los nacidos y criados no están dispuestos a realizar, - como es el caso de los empleados domésticos, construcción y empleos de alto riesgo - el medio pelo argentino apunta que éstos son el gran mal del desarrollo nacional.

Por otra parte, el diario madrileño “Público” informó que 33.543 españoles jóvenes llegaron a la Argentina en busca de la prosperidad desde el estallido de la crisis financiera internacional que en España se registró desde el 2008.
Mientras que desde Bolivia, la inmigración bajó el porcentaje y entre los factores se destaca el cambio político cultural que vive dicho país hermano y la igualdad de oportunidades que se registra en territorio boliviano. “Según datos oficiales, la tasa está decreciendo a un 2% anual”, explicó el Cónsul boliviano en Argentina, Antonio Abal, y agregó que “se espera un índice similar para 2010”.

Golpe a golpe

Dos nuevas tomas ilegales de terrenos en los barrios porteños de Villa Lugano y Barracas se sumaron a las otras tres situaciones similares registradas en el área metropolitana, a partir de la tensa situación generada luego de la ocupación del gigantesco Parque Indoamericano, dice la crónica.

También, el intento de saqueo a un supermercado porteño en Villa Soldati son síntomas de un escenario que se intenta instalar y apuesta a que despierte la sensación de crisis que se encuentra enquistado en el imaginario social a vísperas del 20 y 21 de diciembre.

Los golpistas que permanecen acechando durante toda la historia argentina siguen operando en la actualidad, pero en esta última etapa sus movimientos son fáciles de detectar. Aunque, los que aún no lograron acceder a las bondades de este proyecto nacional se sientan captados por los desestabilizadores del Estado nacional que se escudan en ellos.

Los golpistas operan simultáneamente. Desde adentro apelan al odio y fuera del país dan cátedra sobre orden en la Universidad de Harvard. Piden un Estado represor. Piden una sociedad racista. Piden políticos discriminadores. Piden mano dura. Sin embargo apelan a los más necesitados como mano de obra barata para instalar el conflicto y la provocación. Y también, apelan al temor del pequeño burgués citadino que con este gobierno nacional logró estabilizarse en una clase media que antes del 2003 había explotado en el aire.

“Esto no se desmadró, esto se apadrinó”, apuntó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en el acto de José C. Paz. No cabe duda. Si el lector de estas líneas sigue atento a las informaciones y sus protagonistas y las columnas de opiniones de quienes suscriben en los “grandes” diarios, se puede dar cuenta quienes son los padrinos de los sucesos que tiene a todo el país en vilo desde hace una semana atrás.

Palabras para una mujer que vive en nosotros

A María Elena Walsh

Por Sergio Espinoza

Mañana se lo llevan preso a un coronel, por pinchar una mermelada con un alfiler, yo no se por qué.

María Elena Walsh sabía porque. Claro que lo sabía. Lo mismo supo de los chicos que eran burros en el país del brujito de Gulubú. Esos, que se curaron con una vacuna.

Argentina fue atravesada por militares y brujos que nos envolvieron en el terror y la ignorancia y la poeta nos cantó la historia con melodías infantiles.

Esta maestra de generaciones de niños argentinos conocía bien el reino del revés. Lo vivió en carne propia. Así lo describió cuando contó los sueños del oso obrero. Aquel que andaba en mameluco y se paseaba por la calle Chacabuco mirando las vidrieras de reojo, porque no tenía un “mango” para comprarse todas las cosas que allí vendían. En un tiempo donde no se rompían vidrieras para saquear el bazar. Sino que se tenía el valor de pedir lo imposible.

Doña María Elena conoció el derrotero de la tortuga Manuelita. Si pareciera que se fue con ese quelonio a Francia para vivir su historia de amor en el exilio. Esa pasión prohibida de antaño y que hoy como sociedad tratamos con complejidad de asimilar.

El amor de varón le dio como patada de burro, a lo Platero y yo. Sin embargo, se vio bien cuidada por una fotógrafa amiga de la infancia. A la que amó hasta sus últimos días.

La Walsh siempre esgrimió su pluma para contar nuestra historia en bellas canciones. Nunca sucumbió al odio por el cual fue sometida. Fue así que en tiempo de dictadura decidió no usarla más y sus poemas se utilizaron como canción de resistencia.

Al parecer el cascarón de la historia oficial con el protagonismo de machos patriotas se comenzó a agrietar ante la revelación de una sociedad matriarcal. Tan valientes como nuestros próceres.

Así de simple explicó una vez, “Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos”.

Al fin y al cabo, lo hizo. Ella vive en nosotros.